El liderazgo que entendí tarde: una reflexión personal desde el arrepentimiento


Hay una etapa de la vida profesional —especialmente cuando nos acercamos a una transición, al retiro o a un replanteamiento profundo del rol que hemos ocupado durante años— en la que mirar hacia atrás deja de ser un ejercicio de balance y se convierte en un acto de honestidad personal. No se trata de juzgarse con dureza, sino de entender qué aprendimos y qué haríamos distinto si tuviéramos la oportunidad.

En ese ejercicio, uno de mis mayores arrepentimientos no tiene que ver con decisiones estratégicas, proyectos fallidos o caminos profesionales no tomados. Tiene que ver, más bien, con el trato que en algunos momentos pude haber tenido con colegas y con equipos que me reportaban.

Al inicio de mi carrera, asocié liderazgo con control. Creía que un buen líder debía ser firme, exigente y poco vulnerable. Con el tiempo entendí que el liderazgo autoritario puede generar resultados en el corto plazo, pero rara vez construye compromiso genuino.

Los arrepentimientos que más permanecen suelen estar ligados a lo que no hicimos: conversaciones que evitamos, reconocimientos que no expresamos, gestos de humanidad postergados.

Hoy veo el liderazgo como un acto de servicio. Nunca es tarde para ejercer un liderazgo más consciente, incluso cuando el rol formal ya no existe.

Anterior
Anterior

The Leadership I Understood Too Late: A Personal Reflection on Regret

Siguiente
Siguiente

Rethinking Your Career: Professional Decisions at the Midpoint